jueves, 6 de noviembre de 2008

El milagro de los panes y los peces


Si que me alegro que existiera sol tan intenso como aquella tarde, una caminata larga a nuestras casas, saben estabamos en un camino pedregoso, con poco dinero, una mochilas requetepesadas, y con una decena de jovenes sedientos - cuanto daria por una gaseosa helada - era el pensamiento individual, las sonrisas se tranformaban en bocas llenas de gruñidos y quejas, como agradezo que hubiera tanto calor, hasta se me ocurre algun dia escribir una oda (pensamientos de joven), de lejos divisamos una tienda, los ultimos pasos que dabamos para llegar, la hermandad y el compañerismo entre todos nosotros si que se veia probada con la martirio, cuando llegamos todos a la tienda los jovenes compraron con pocos centavos panes y biscochos, pero nada de agua, sabia que cada unos de ellos que no desearian compartir el vital elemento, todos se sentaron en un muro y se recostaron - saben...verlo me hacie recordar un regimiento militar decaido - sus miradas era vagas, el enemigo habia mancillado el coraje de sus sonrisas -, propuse en voz alta comprar una gaseosa helada entre todos, pero no hacian caso, probablemente las monedas en los bolsillos de estos jovenes estaban muy pegadas, se me vino a la mente una historia del maestro y un comentario de un Obispo, debia llevar a cabo esta sustentación de un experimiento casi espiritual, llame a un joven lider el cual tengo mucha confianza y le explico la teoria de un Obispo que decia:"No creo en el milagro de Jesús de los panes y peces, el maestro hizo una interesante estrategia para hacer esto posible, ya que imaginense tantas familias siguiendo a Jesús para escucharlo y no llevar provisiones para tan largo camino? y al ver Jesus el egoismo en sus corazones de no compartir entre ellos, el ejemplo tuvo que darlo nuestro Señor y comenzar a compartir", el joven lider me dijo :"Que interesante...y que vas a hacer?", con una sonrisa le dije :"Mira, y veremos si es verdad la teoria del Obispo", bueno me puse al principio de la fila y saque de mi bolsillo unas monedas de bajo valor y se lo di al primero que estaba sentado, propuse pasarselo al siguiente, al final de esta fila estaba el joven lider espero la trayectoria de las monedas, cuando llego a sus manos me mostro que habia como para comprar 2 gasesosas grandes y sobraba para panes, me miro y me dijo "El Obispo tal vez tuvo razon" y le conteste : "El milagro de los panes y los peces".

1 comentario:

florcita dijo...

me gusto la historia,muchas veces pensamos en beneficio nuestro nada mas.